El arzobispo francés Berenguel de Lendoira, al ser rechazado por los compostelanos, había hecho de Noia su residencia habitual. La favoreció con la construcción de la iglesia de Santa María y completó su fortificación con una muralla de cuatro metros de altura y dos y medio de grosor; tenía doce puertas con arcos ojivales y torreones. Todo ello fue demolido en su mayor parte durante el siglo XVIII. Estas murallas hicieron inexpugnable la localidad cuando intentó apoderarse de ella el duque de Lancaster. La derrota del pretendiente al trono de Castilla hizo exclamar al rey Juan I: Mientras estén en mi poder las fortalezas de Noia y A Coruña, seré rey de Galicia.
Su importancia en el siglo XVI quedó resumida en estas líneas del Licenciado Molina en su "Descripción de Galicia" (Mondoñedo 1550): La villa de Noia, que es gentil pueblo y de los de más antigüedad que hay en este Reino, es de gente noble. Hácense aquí muchos y buenos navíos, grandes y pequeños, porque tiene comarca de muy buena madera, cárgase aquí cantidad de sardina, la mejor de todo el Reino, y así, do quiera que llega alguna sardina, preguntan luego por la de Noia, porque habiendo ésta no se despacha otra.
A partir del siglo XVIII comenzó a disminuir su importancia económica y comercial, fenómeno generalizado en todas las villas del litoral gallego por esta época.
La iglesia de Santa María, o del Don, declarada monumento histórico-artístico nacional, se halla en el centro de la Quintana dos Mortos, curioso cementerio que, según la leyenda, fue hecho con tierra de Palestina traída en barcos noieses. Fue edificada sobre otra más antigua por el arzobispo Berenguel de Landoira, quien la consagró en el año 1327, según inscripción en gallego que aparece en el dintel de la puerta sur y que reza así: Esta igrexa edificou e sagrou dono Frei Berenguel, arcebispo de Santiago en XVIII días de xaneiro, era MCCCLXV (año 1327) e foi procurador Pedro Bochón desta obra.
El templo, pese a su tardía construcción, se puede catalogar como románico con influencias ojivales. Pasada la reja del atrio, en el muro de la derecha se halla un curioso escudo muy desgastado; representa a un guerrero empuñando una espada contra una bestia informe. Una leyenda dice que representa al caballero Armero, que mató a la misteriosa bestia que moraba en el cementerio y devoraba todo cuanto ser viviente entraba en él.
En el exterior destaca el tímpano policromado de la puerta principal, que representa la Adoración de los Magos, y la figura del obispo Landoira de rodillas a la izquierda de la Virgen. El cobertizo le fue añadido en 1817. Adosados al muro norte hay varios sepulcros bajo arcos ojivales, entre los que destaca uno con la inscripción: Sepultura de Pedro Afonso da Ponte. Era MCCC (año 1262). También se ven inscripciones gremiales en el muro del ábside.
En el interior encontramos el monumental sepulcro de Xoán de Estivadas, tabernero noiés que hizo una importante donación a la cofradía de clérigos en el año 1397; este sepulcro fue traído de la iglesia de San Martiño en el año 1930. En el centro del templo se asentaron varias losas sepulcrales trasladadas desde el cementerio. A la izquierda de la capilla mayor tenemos la capilla de los Carneiro, banqueros de los obispos de Compostela en el siglo XIV, hoy convertida en un pequeño museo con piedras de armas, sepulturas y otros restos arqueológicos de la villa.
En el cementerio preside la zona norte el baldaquino conocido como Cristo do Humilladoiro. Cuatro columnas sostienen un techo piramidal de piedra que da cobijo a un sencillo cruceiro, todo ello obra del siglo XVI. El lugar de este cruceiro lo ocupaba una cruz de bronce, que fue llevada a la Exposición Regional de Arte Retrospectiva de 1909 y nunca regresó.
Son interesantes los relieves de los frisos. En uno aparecen las cuatro fases de la luna. En otro, un animal herido huyendo de los perros y del cazador. Otro crucero, ojival del siglo XIII o XIV, se yergue en el centro de la zona meridional.
Dos centenares de lápidas sepulcrales se han ido colocando a lo largo de los muros, y constituyen uno de los más interesantes atractivos del lugar. Las más antiguas son las gremiales. Son las que llevan los símbolos de los oficios sin nombre ni fecha. Igualmente tienen una gran antigüedad las que representan figuras humanas esquemáticas. Las losas profesionales pertenecen a los siglos XIV a XVI. Las de marineros se distinguen por el grabado del ancla. Las sepulturas de hidalgos van de la centuria XIV a la XIX, algunas de hechura antropoide o con estatuas yacentes.

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